¿Un psicoanalista detective?

octubre 27, 2019

Por Carla Bravo-Reimpell *

Si bien las películas de Alfred Hitchcock invitan a pensar en lo patológico que puede caracterizar a sus personajes, incluso a entrever lo traumático que está en el origen de sus síntomas, es en Spellbound(Hitchcock, 1945) donde se le abre las puertas y se despliega la alfombra roja al psicoanálisis. Hay que pensar entonces que este rol protagónico se funda en la creencia en el encuentro posible entre la criminología (recordemos que las películas de este director rondan en torno a algún crimen) y el psicoanálisis como aquella práctica que podría venir en su auxilio para ayudar en la resolución de un delito. ¿Es posible pensar en una relación de este tipo? Es una pregunta que no le fue ajena ni a Freud ni a Lacan, quienes ensayan un “sí pero no” como respuesta.

Veamos los argumentos a favor de la relación criminología-psicoanálisis, expuestos por Freud. En su conferencia titulada El diagnóstico de los hechos y el psicoanálisis (1906) señala a su auditorio, compuesto por “futuros jueces y defensores”:

Sé que os ocupáis actualmente de estudiar las posibilidades y las dificultades de este procedimiento que ha de llevar al acusado a la autodelación objetiva, y, en consecuencia, he de llamaros la atención sobre el hecho de que un procedimiento muy semejante para el descubrimiento de la psíquico oculto o encubierto está ya en uso, en otro sector, hace más de diez años…es, en efecto, el tratamiento de ciertas “enfermedades de los nervios”, de las llamadas psiconeurosis… (p.953)

Y agrega más adelante:

…la labor del terapeuta es la misma que la del juez instructor: tenemos que descubrir lo psíquico oculto y hemos inventado con este fin una serie de artes “detectivescas”, algunas de las cuales tendrán que copiarnos ahora los señores juristas. (p.953)

Hasta aquí apreciamos que, para Freud, de lo que se trata tanto para el neurótico como para el delincuente, es de un secreto, algo recóndito” (p.953) que se podría desvelar gracias a la asociación libre, poniendo especial cuidado en las objeciones, en las vacilaciones, en las pausas y en los equívocos del discurso. Y si bien Freud no hace una recomendación explícita a la utilización del sueño en criminología, que pudiera ser el argumento perfecto para la escena onírica en Spellbound, sí lo menciona en esta comunicación, resaltando su eficacia para el acceso a los sentidos ocultos.

Pero Freud no obvia las divergencias entre la criminología y el psicoanálisis. Para comenzar, aclara que en el caso del neurótico se trata de un contenido que a él mismo se le oculta [por vía de la represión, mientras que para el delincuente es un contenido que él] sabe y oculta (p.953), lo cual tiene incidencias sobre la práctica en ambos campos. Pero el punto que nos parece clave para lo que queremos plantear, y que tiene amplia relación con la trama de Spellbound, se refiere al tema de la culpabilidad, que Freud esboza en esta conferencia y que luego retoma en el breve texto El delincuente por sentimiento de culpabilidad, de 1916.

Quisiera hacer resaltar también que vuestro experimento puede sufrir una intromisión que en el psicoanálisis es cosa natural y corriente. Podéis ser inducido a errores en vuestra investigación por un neurótico que reaccione como si fuera culpable, aunque sea inocente, porque un sentimiento de culpabilidad preexistente en él y en acecho constante de una ocasión propicia se apodere de la acusación de que se trate. (1906, pp.955-56)

Esta apreciación, si bien se apoyaría en el mecanismo de retroacción que haría que un evento reciente resignificara a otro del pasado -en Spellbound, el asesinato del Dr. Edwards que daría significación de asesinato a la muerte del hermano de John Ballantine, en tanto éste está asociado a un sentimiento de culpabilidad latente- conlleva otra dimensión diferente que la de la metáfora y su desciframiento. Es la dimensión del estar bien en el malestar, de lo pulsional, que permitiría comprender como Ballantine, a pesar de ser inocente, es subjetivamente culpable por su participación en el evento que le fue traumático. La lectura del texto Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología (1950) nos muestra como Lacan da giros igualmente en torno a lo que de las pulsiones escapa a la criminología, pero sin abandonar cierta idea de una colaboración del psicoanálisis con esta ciencia. Lo cito:

…el pensamiento de los penalistas titubea ante el crimen en que aparecen instintos cuya índole escapa al registro utilitarista… (p.126) [para agregar poco después]…una civilización cuyos ideales sean cada vez más utilitarios ya no puede conocer nada de la significación expiatoria del castigo…tiende a absorberlo con su fin correccional…la noción de castigo también se les ha hecho insoportable… (p.129)

Es precisamente esta noción de la significación expiatoria del castigo, del autocastigo y de la responsabilidad que le es propia, la que define al superyó en tanto “…instancia oscura, ciega y tiránica…siempre pronta a emerger del desgarramiento de las categorías sociales para recrear el universo mórbido de la falta…”(p.128). Y es de este carácter compulsivo de lo que el experto criminólogo no podría dar cuenta. Por eso, más allá del recuerdo que emerge sobre la escena traumática y del corte que hace Ballantine entre un primer significante (muerte del hermano) y un segundo significante (asesinato de Edwards) al gritar “yo no maté a mi hermano, fue un accidente”, lo pulsional que rodea esta primera escena, referido a la culpa, quedará intocado. Esto, gracias a que su analista enamorada, la Dra. Petersen, está más en la posición de la experta criminalista.

Si lo real, lo pulsional, está en el crimen (cometido o subjetivo) no es seguro por otra parte que deba o pueda tener un lugar en la criminología. Ni siquiera hay garantía de que el desciframiento o el recurso a la confesión del sujeto sean de gran ayuda para esclarecer la verdad inconsciente del hecho, en tanto, como menciona Lacan, “…la sinceridad es el primer obstáculo hallado por la dialéctica en la búsqueda de las verdaderas intenciones, puesto que el uso primario del habla parece tener por fin disfrazarlas”. (p.132)

El síntoma, con su componente pulsional, de goce, que irrumpe frente a la mirada de las “rayas sobre lo blanco”, y de efecto sobre el cuerpo en los desvanecimientos de Ballantine, es lo que compete al psicoanálisis. Como diría el psicoanalista Alexander Brulov, cuando los detectives le preguntan “¿Cree usted que ese enfermo pudo matarle?”, responde “Yo no creo nada, no soy un detective”. Sabe que lo que le atañe no es interrogar los hechos, sino el sueño de Ballantine.

Referencias

Freud, S. (1906): El diagnóstico de los hechos y el psicoanálisis (Conferencia pronunciada en el Seminario del Profesor Löffler de la Universidad de Viena), en Psicoanálisis Aplicado. Obras completas, Vol. II. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

———- (1916): Varios tipos de carácter descubiertos en la labor psicoanalítica: El delincuente por sentimiento de culpabilidad, en Psicoanálisis Aplicado. Obras completas, Vol. II. Madrid: Editorial Biblioteca Nueva.

Hitchcock, A. (1945): Spellbound. Selznick International Pictures.

Lacan, J. (1950): Introducción teórica a las funciones del psicoanálisis en criminología (Comunicación presentada a la XIII Conferencia de Psicoanalistas de Lengua Francesa en colaboración con Michel Cénac). Escritos I. Decimonovena edición, 1997. México D.F.: Siglo XXI Editores, s.a. de c.v.

         : [Foto] Recuperado de: https://cinescopia.com/momentos-favoritos-del-cine-spellbound/2018/01/

          : [Foto] Recuperado de: https://talkfilmsociety.com/columns/beginners-guide-to-alfred-hitchcock-spellbound-1945